Paisajes literarios

“No sabía que podía narrar”

Narrar para sanar

Las y los jóvenes no abren su corazón a
cualquiera, lo hacen con quien sienten
confianza y conectan no solo desde la palabra
sino también desde lo más profundo de su ser.
Cuando encuentran este camino, aprenden a
poner en palabras aquello que les abruma y les
provoca dolor con el deseo de encontrar un
bálsamo que les de alivio. Recorrer esos hilos
que entretejen sus vidas, nombrar de nuevo los
hechos e historias importantes, re-crearlas
valiéndose de la imaginación, les posibilita
volver a descubrirse, encontrando nuevos
aprendizajes en sus experiencias que de esta
manera se convierten en puentes para
imaginar otros horizontes de vida.

La creación de cuentos:

Una persona sensible acompaña a los y las jóvenes en el proceso de reinventar algunos
recuerdos de sus vidas utilizando la fantasía. Primero escuchándolos atentamente, luego
motivándolos a expresarse a través de la escritura, con la intención de que puedan encontrar
diferentes formas de contar sus vivencias difíciles, poniendo luz sobre ellas.


Las y los jóvenes se dejan abrazar por la magia de los cuentos y esto les permite
reencontrarse con la esperanza y la certeza de que sus vidas siempre se pueden reescribir, el
final puede ser diferente.

¡Nunca se olviden que existimos!

Reconocer el poder de las palabras de las y los jóvenes es valorar la expresión de lo más profundo
que habita y sucede en el interior de su ser. Cuando se expresan frente a lo que les ha permitido la
participación en este proyecto de formación humana a través del arte, sus palabras trasmiten el
nivel de reflexión que van ganando que les permite nombrarse, reconocerse y tomar consciencia
de los avances y logros conquistados respecto a sus vidas.
Estas palabras son tomadas de testimonios extraídos durante el proceso creativo en los encuentros
del Proyecto KUAKUMUN

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